Tres generaciones.

Por Luis Fernando de la Sota Salazar.

«La OJE tiene en su Promesa y en su ‘Vale quien sirve’ un rasgo de originalidad y de compromiso».


Cuando nace la Organización Juvenil Española, OJE, en 1960, yo estaba ya en otras cosas, y no tenía edad de encuadramientos y actividades juveniles. Pero sí en cambio de dedicar, ideas y militancias aparte, toda mi atención a algo tan importante como era la educación de mis hijos.

Y tanto mi mujer como yo, hemos sido siempre partidarios y decididos defensores de que la educación de los hijos esté basada en dos pilares fundamentales: la familia y la escuela, y además si es posible en ese orden. Y ya luego, de una forma complementaria aunque también muy importante, apoyados por otros elementos de formación de carácter religioso, patriótico, deportivo o cultural.

Y como en mi caso, esos elementos los encontré en aquella escuela de formación integral que fue el Frente de Juventudes, al que le debo lo mejor de mi biografía, de la misma forma que procuramos que mis hijos fueran en lo posible, a centros escolares donde se enseñaran esos valores, en su momento, también pusimos nuestra atención en la institución que mejor pudiera complementarlos.

Y así, tres de ellos, voluntariamente, porque ya tenían uso de razón y nosotros nunca hemos tratado, ni de niños ni de mayores, imponerles ideas u obligaciones, ni religiosas ni políticas, fueron incorporándose a la OJE.

Y así me encontré con la Promesa, que cumplía perfectamente con nuestros deseos y aspiraciones.

Antes, naturalmente, tuve buen cuidado de enterarme de cual eran sus fines, sus líneas fundamentales de formación, sus actividades y qué capacitación tenían sus mandos. Y así me encontré con la Promesa, que en sus once puntos cumplía perfectamente con nuestros deseos y aspiraciones.

Pasados unos años fui, no sé muy bien si elegido o nombrado, miembro del Consejo Rector de la Organización, en representación de los padres, donde estuve cuatro años en los que pude vivir con intensidad, sus ilusiones, sus proyectos, sus emociones y también sus preocupaciones por la precariedad de sus medios, que iban mermando en un ambiente político cada vez más hostil.

Por supuesto, aquella OJE no era el Frente de Juventudes que yo había vivido, pero asumí que de la misma forma que todo en la vida cambia, evoluciona y se integra en nuevas formas diferentes, adecuadas a la mentalidad de cada tiempo, aquel cambio, aunque a algunos les resultara comprensiblemente difícil, fue todo un acierto y reveló una anticipación de futuro de la que es una buena prueba, el que hoy la OJE, tenga ya sesenta años de existencia, haya superado muchas de sus dificultades y goce de buena salud.

Estábamos representados tres generaciones: abuelos, hijos y nietos

Esto ha supuesto, el que ahora en el Hogar Nueva España, de Madrid, ya no sean tres de mis hijos los que estén o hayan pasado por la OJE, sino que además, sean ya siete, los nietos que pertenecen a ella y algunos ya destacando como dirigentes.

Hace ya varios años, subiendo con mi mujer y a pesar de nuestros años, el tradicional Belén montañero a Siete Picos, me pidió José Manuel Cámara, organizador de la marcha, que al llegar a la cumbre dijera algunas palabras, cosa que ya se ha hecho costumbre con el tiempo, y de una forma improvisada las inicié diciendo que buen día tenía que ser aquel, y por lo que daba gracias a Dios, ya que en aquél sencillo homenaje al Niño recién nacido estábamos representados tres generaciones: abuelos, hijos y nietos.

Y así ha venido siendo en todas las actividades en las que ha sido posible hacerlo, y en las que seguimos encontrándonos con caras de viejos amigos y camaradas conocidos y también –afortunadamente–, con otras muchas, de nuevos afiliados y padres.

Cada generación tiene que expresarse con sus propias palabras.

Comprobando, e insisto, asumiendo, cómo van cambiando formas y actitudes, como ha sido siempre, porque cada generación tiene que expresarse con sus propias palabras y dar respuestas a sus propias preguntas.

Pero cada proyecto o empresa, de cualquier clase, para que no se desdibuje, y conserve su autenticidad e impronta, tiene que mantener unos valores y principios que sean norma y guía de comportamientos personales y colectivos,

Y la OJE tiene en su Promesa, cuyos preceptos, solemnemente, se prometen cada año cumplir, un rasgo de originalidad y de compromiso, que junto a su lema Vale quien sirve, diría que únicos en esta actualidad española, marcada por el relativismo moral y el pensamiento único, que la hacen diferente y sin duda superior, a cualquier otra asociación juvenil de tiempo libre o deportiva. Sin ella, sin esa Promesa y sin ese lema, podría seguir existiendo, pero sería otra cosa, ya no sería la OJE.

Luis Fernando de la Sota Salazar

undefinedMadrid, 1931. En el año 1940 ingresé en las O.O.J.J. Ya en las FF.JJ. mandé la Centuria Gibraltar, además de ejercer como de jefe de campamento en muchas ocasiones. Posteriormente, siempre en Madrid, fui presidente de la Agrupación de A.A.M.M. del Frente de Juventudes y subjefe provincial del Movimiento. Además de empresario también asumí la dirección del Gabinete Técnico del Gobierno Civil y de Protección Civil. En la actualidad soy presidente del Club de Opinión Encuentros.

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